La espera

Fuente: globedia.com

No tardarían mucho. Podía ya, incluso, escuchar sus gritos victoriosos, el golpeo contra las puertas, aporreadas con vehemencia, con la exigencia del vencedor. De vez en cuando, alguna súplica desesperada rompía el ritmo de los alaridos de la soldadesca.
Esperaba con ansiedad que llamaran a la suya. Estaba preparado para que lo capturasen, para que lo torturaran, quizás, o que lo mataran…, tenía miedo, mucho miedo.
Su mundo se derrumbaba. La bondad de sus ideales había sido derrotada por la barbarie y la deslealtad. Quedaban pocos; él estaba solo. Lo agradecía ahora, después de haber visto la tragedia, evitaba así que otros padecieran por su culpa, por su causa.
Se oyeron unos golpes en la puerta, intensos, reiterados. Abrió con el corazón desbocado; con valentía afrontaba su destino. Conocía al jefe del grupo: había sido alumno suyo.
–¡Sígame si quiere salvar su vida! –ordenó aquel hombre.

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