La diferencia

Fuente: https://kuaderno.com

–¿Quién ha resuelto esta ecuación? –pregunta el profesor.

Clara levanta la mano y sus compañeros le lanzan miradas aviesas. Explica la solución y recibe el parabién del profesor. Está sentada sola, en primera fila; no ve, por tanto, las burlas que le hacen. Tampoco le interesan; sabe que son chiquilladas de unos compañeros con poco seso. Ella tiene nueve años, el resto de su clase catorce o más.

Su madre la exhibe en concursos o conferencias que ella odia, pero que sirven para que su progenitora se pavonee como si fuese la reina del baile. Sabe que es una superdotada y sabe también que debe disimularlo y que, aún así, está sola. Ha comprendido pronto lo que significa la soledad; la marginalidad a la que te conduce la diferencia.

Sigue con la cabeza baja, haciendo las actividades que le mandan; fáciles para ella, imposibles para sus compañeros. Observa que Isabel se le acerca y coloca una mesa al lado de la suya, después se sienta junto a ella. Clara la mira sorprendida y asiente.

–A ti no te quieren por lista, a mí por fea. Así es que debemos querernos nosotras.

–Seremos amigas. Yo te ayudo con los deberes y tú me explicas cómo son los chicos.

–¡Eso es más difícil que resolver ecuaciones! ¡Ni ellos lo saben! –dice Isabel riendo.

 

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